Reiki Y Los Niños

reiki y los niños

Reiki es un sistema de sanación que facilita el encuentro de la esencia energética cósmica (Rei) con la energía vital individual (Ki) que todos poseemos. Es una herramienta perfecta para combatir el estrés diario, ya que ayuda a relajarse y fomenta el bienestar. Esta energía, a la que llamanos Reiki la puedes canalizar para beneficiarte tu y para beneficio de todos los seres vivos, ya sean otras personas, como también animales, plantas y minerales, porque todos formamos parte de la creación divina. Su práctica está reconocida por la Organización Mundial de la Salud (O.M.S.) y en muchos hospitales españoles ya se utiliza.

Desde el año 2003 que imparto cursos de Reiki para adultos, participando de la maravilla de ver como cada uno de ellos empieza a transitar por el camino que le va a conducir hacia su propia maestría: ser y emanar amor. Reiki te abre al amor, la energía sanadora por excelencia y te conduce a él. Una perfecta simbiosis que, con la práctica y la toma de conciencia, deviene unidad con todos y con el Todo.

¿Y los niños? Los niños son los embajadores del amor en su estado más puro, y cuando hace tres años inicié a la primera niña para que pudiera canalizar la energía Reiki empecé a darme cuenta que ellos comprendían y actuaban directamente desde el corazón. No necesitaban entender nada, simplemente seguían siendo ellos mismos, pero como en una versión mejorada. Era como si conectaran con una parte de su ser que era más ellos que ellos mismos. Esa dimensión de luz y amor que llevan a flor de piel desde que nacen, si, porque estos niños de hoy en día nacen ya despiertos, es decir, conscientes de la unidad. El Reiki, a mi parecer, les ayuda a anclarse en la Tierra y les facilita el desarrollo armónico de los aspectos que ha venido a desarrollar su alma.

A lo largo de los años que hace trabajo con niños, tanto en voluntariado en un hospital como por mi trabajo como terapeuta floral, algunos de ellos me han hablado de “su cuerpo” como un elemento “separado” de su ser. Tienen mucha conciencia que son algo más que un cuerpo físico. Un día que pregunté a un niño de 3 años, muy movido y activo, si sabía porqué le costaba tanto estarse quieto y, ante la sorpresa de sus padres y la mia, nos respondió: “Yo ya quisiera quedarme quieto, pero mi cuerpo no me deja”.

Os cuento esto para que reflexionemos juntos. Imaginad un cable eléctrico que por un extremo está conectado a un poste pero que se ha desconectado del otro extremo y está a expensas del viento que lo zarandea arriba y abajo mientras echa chispas, con el consiguiente peligro para quien pase por debajo. ¿Sí? ¿Tenéis la imagen en vuestra mente? Bien pues ahora vamos a hacer una comparación con nuestro cuerpo. Nuestro cuerpo energético, y por lo tanto también el de nuestros hijos, es como un cable eléctrico. Una parte está conectada a la tierra, a través de nuestro cuerpo físico, pero la otra parte del cable, la que nos conecta con nuestra dimensión más elevada, o más espiritual, ¿dónde se conecta?…

El olvido de esa dimensión de luz es la desconexión. Y mientras seguimos desconectados vamos echando chispas como el cable, es decir, estamos ansiosos, no nos centramos, hablamos a gritos, nos peleamos, no comprendemos, nos separamos del otro y más separados estamos aún de nosotros mismos, en definitiva, no amamos ni nos amamos. A veces, cuando esa desarmonía trasciende del cuerpo energético al físico, puede aparecer la enfermedad.

Solución: la conexión del cable, o lo que sería para el humano: el recuerdo de su parte divina.

En la iniciación de Reiki se recupera el estado de conciencia de conexión con la energía universal, sintiendo como fluye a través de nuestro canal energético y se funde con nuestra energía física: una auténtica comunión para una nueva comunicación entre las distintas dimensiones de nuestro ser. Es decir, cada uno de los extremos del “cable” está conectado donde corresponde y la energía fluye armoniosa y constante, con un único propósito: el Bien más Alto.

Los niños que se inician en Reiki viven su parte divina de la manera más sorprendente que yo, como adulta, podía esperar: con suma sencillez. Saben sentir la conexión y el flujo de la energía a través de las palmas de sus manos, saben exactamente donde deben ponerlas y el tiempo de la imposición. Saben leer y descifrar la energía con suma facilidad. En definitiva, nos ofrecen la posibilidad de poder contemplar la canalización de la energía como algo ordinario, es decir, inherente a todo ser humano,  y no como algo extraordinario, como a veces los adultos tendemos a calificar.

Y esto si que es, para mi, una auténtica lección de vida. Por ello sé que parte de mi misión es el ofrecer cursos de Reiki a niños siempre que uno de sus padres esté iniciado, para que tengan un acompañamiento en un entorno favorable. Porque cuando doy un curso de Reiki a un niño la que se está sanando es mi niña interior. Por aplicación del principio de la unidad: todos somos uno.

Y como los auténticos protagonistas son los niños, dejemos que sean ellos y sus respectivas madres quienes nos expliquen su particular experiencia.

“Anna (madre): Biel sufre migrañas desde muy pequeño. Un dia que tenía una crisis, mientras le estaba haciendo reiki, me dijo: “¿Mamá, yo también puedo aprender a hacer Reiki? Así cuando me duela la cabeza y tu no estés, yo también podría hacerme reiki”. Me emocioné…  y más me emocioné el día de su iniciación… y más aún cuando lo veo haciéndose reiki… y cuando me hace a mí. Me encanta su naturalidad, su espontaneidad,… sin cuestionarse absolutamente nada.

Desde su iniciación observo un cambio en él. Lo veo más seguro de sí mismo y sobre todo más feliz y contento.

Biel (12 años): Yo cuando me hago reiki siento un calor en las manos muy fuerte. Me pongo las manos en el lugar donde me duele y de repende siento mucho calor y que el dolor disminuye. Cuando estoy nervioso me pongo las manos cerca del corazón y cuando siento que ya no estoy tan nervioso saco las manos. Me gusta sentir ese calor porque además me hace sentir felicidad y tranquilidad.

Laura(madre): Alba siempre ha sido una niña muy sensible y preocupada por el bienestar de su familia y amigos y creo que gracias al Reiki ha encontrado una manera de ayudar a los demás y también a si misma.

Alba (12 años): A mi me gustó mucha hacer la iniciación de Reiki porque siento como puedo pasar energía con mis manos. Lo utilizo mucho cuando estoy nerviosa, por ejemplo en los partidos y exámenes. También siento que puedo ayudar a mi familia cuando no se encuentran bien.”

Formar parte de este proyecto para la Paz Universal es un auténtico privilegio. Por ello doy las gracias a todos los que contribuyen a su crecimiento, a Alicia de Agartam, por publicar este escrito, y a ti, querido lector, porque das sentido a todo lo escrito al haber llegado hasta el final.

©Assumpció Fàbregas, maestra de Reiki Usui, Karuna y Unitario.

Enero de 2012. Revisado en noviembre de 2015.

http://www.enclaudellum.com

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One thought on “Reiki Y Los Niños

  1. Retroenllaç: Reiki – EnClau de llum

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